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Browsing by Author "Colmenares Bermúdez, Eduardo"

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    Experiencias de violencia física ejercida por la pareja en las mujeres en reclusión
    (2006) Rodríguez, Eva Ma.; Romero Mendoza, Martha; Durand-Smith, Ana; Colmenares Bermúdez, Eduardo; Saldívar Hernández, Gabriela; Investigadores de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales del Instituto Nacional de Psiquiatría.
    La violencia contra la mujer es un problema que se vive cotidianamente y se manifiesta de diversas formas, es decir física, sexual y emocionalmente y puede presentarse tanto a nivel público como privado. Este tema se ha considerado mundialmente como prioritario porque impide el desarrollo de la mujer en todas las áreas. Se ha reconocido que tal violencia impide el logro de los objetivos de igualdad, desarrollo y paz, viola y menoscaba o impide su disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Un informe reciente de la Escuela de Salud Pública de John Hopkins y del Centro para la Salud y la Equidad de Género, señala que al menos una de cada tres mujeres ha sufrido maltrato físico, se ha visto coaccionada a tener relaciones sexuales o ha sido objeto de algún abuso en su vida. Tanto en México como en otros países las conductas violentas se han considerado como “naturales” respecto al trato a las mujeres aunque las normas aceptadas y la cotidianeidad las han mantenido ocultas. Sin embargo las encuestas epidemiológicas muestran cifras que dan cuenta de la magnitud del problema lo que ha propiciado que hoy se le vea como un problema grave de salud. Por lo anterior abordar el tema de la violencia intrafamiliar lleva necesariamente a considerar un aspecto cultural muy característico: el hecho cuestionable de referir su existencia sólo al ámbito de lo privado. Se considera que lo que sucede dentro de las paredes de la casa es asunto íntimo y los de fuera no tienen por qué enterarse ni mucho menos intervenir. Lo mismo sucede cuando se habla de la violencia que viven las mujeres que se encuentran en reclusión ya que con frecuencia siguen soportando violencia o abusos tanto al recibir la visita íntima, como por parte de las compañeras, o por la violencia institucional y nadie parece querer intervenir. Las mujeres en un ambiente penitenciario concebido esencialmente para hombres, ocupan una posición secundaria y se ven marginadas con respecto a las actividades laborales, culturales, deportivas y recreativas programadas, y esto en parte se debe a que se asume que la población de prisión es mayoritariamente masculina (Informes de 1990 a 1994). Como lo señala Barquín, en su mayor parte las mujeres en reclusión sufrieron la violencia de sus padres o fueron testigos de ésta al ver que su madre era maltratada, por lo tanto se habituaron a este tipo de conductas y las asumen con mayor permisividad. Esto no significa que tales experiencias puedan considerarse como la causa de que la mujer cometa algún delito o que sean directamente el motivo de su ingreso al sistema penal. El ciclo de la violencia que se inicia en la familia se perpetúa en el matrimonio, y pareciera completarse en los reclusorios, para recomenzar cuando las reclusas salen de prisión. La privación de la libertad por estar en prisión, como los abusos que ocurren en su interior, parecen ser un eslabón más de la cadena de múltiples violencias que constituyen la trayectoria de una parte de esta población. Human Rights Watch es una organización que ha realizado investigaciones especializadas en prisiones desde 1987, y en su informe de 1988 señala que, por ejemplo, las cárceles de Venezuela albergaban a una población reclusa de 25381 presos en total, de los cuales 4% eran mujeres y constituían el 4.5% de la población carcelaria. Esta fuente también informa que los delitos relacionados con las drogas originaron un crecimiento de 55% de la población de reclusas. En Estados Unidos el porcentaje de mujeres recluídas en 1991 en cárceles estatales por delitos violentos fue de 32,2%; la mayoría estaba presa por delitos no violentos. Se señala que la mayoría de las mujeres en prisión sentenciadas por el asesinato de alguien cercano, habían cometido el delito porque eran objeto de malos tratos. De las mujeres en las cárceles de los Estados Unidos, 85% han sido víctimas de malos tratos o de abusos sexuales en algún momento de sus vidas. Así la violencia contra la mujer debería convertirse en tema importante para las autoridades ya que es uno de los problemas más visibles que expresa la situación real de las condiciones de vida en los centros penitenciarios. Dada la importancia de la práctica de la violencia en contra de las mujeres en general y la ausencia de indicadores estadísticos sobre el tema de las mujeres en prisión en particular, el objetivo del presente trabajo fue describir los tipos de violencia física ejercida por sus parejas, que manifestaron 213 mujeres entrevistadas en un Centro Preventivo y un Centro de Readaptación Social, con el fin de dar cuenta de la problemática y proponer estrategias de intervención. Se trata de una muestra no probabilística de 213 mujeres, seleccionada por conveniencia. Se utilizó un instrumento diseñado ex profeso el cual consta de una entrevista semi-estructurada con 242 preguntas, que abarca las siguientes 23 áreas de la vida de las mujeres entrevistadas: datos demográficos, historia escolar, familia actual, familia de origen, situación legal, antecedentes de reclusiones previas, experiencias laborales, redes sociales, depresión, riesgo de suicidio, trastorno de angustia, variables de consumo de alcohol, medición del consumo de alcohol, variables para medir uso de drogas médicas y no médicas, escala de motivos para el consumo, barreras a tratamiento, relaciones íntimas y sexualidad, abuso sexual, violencia/victimización, violencia delictiva, estres postraumático, ambiente de cárcel, salud general y estilos de vida e impulsividad. Las características demográficas más importantes de las mujeres se encuentran en el grupo de 28 a 40 años (45.5%); en cuanto a escolaridad las mujeres tienen una educación de seis años o menos (41.3%), secundaria (36.2%), preparatoria o técnica (16.4%); el estado civil prevaleciente es el de soltera (48.6%), en unión libre (21.6%) y 50.7% tienen hijos menores de 18 años. De las 213 mujeres entrevistadas, 161 señalaron haber sufrido violencia por parte de su pareja. Respecto al número de actos violentos de que habían sido objeto, en rango de 1 a 5 fue el 29.2% (cuadro 2), de 6 a 10, 23.4% y de 11 a 17, el 23.4%. Las estadísticas presentadas en este artículo, tomadas de diferentes investigaciones sobre violencia familiar, muestran solamente una pequeña parte de toda la violencia que se produce en las familias y los resultados de esta investigación señalan que se da con más frecuencia en el grupo de las mujeres en reclusión. La prisión puede reflejar un ejercicio del sistema que se transforma en una función marginalizadora, ya que ahí se encuentran las mujeres más pobres de las clases menos favorecidas, y con un bajo nivel educativo. Como lo señaló Lima en 1998, la estigmatización de la mujer en prisión es doble, ya que en primer lugar sufre como mujer y en segundo como delincuente; por pertenecer no sólo a un grupo desfavorecido en todos los aspectos sociales, sino también al grupo que ha violado la clásica imagen de la mujer impuesta por la sociedad, y por ello debe ser recriminada severamente, olvidando la violencia y los abusos que le ha tocado vivir.
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    Female depression and substance dependence in the Mexico City penitentiary system
    (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, 2007) Colmenares Bermúdez, Eduardo; Romero Mendoza, Martha Patricia; Rodríguez Ruiz, Eva María; Durand-Smith, Ana Lucia; Saldívar Hernández, Gabriela Josefina; Investigadores de la Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales. Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente; romerom@imp.edu.mx
    La prevalencia de trastornos mentales en individuos privados de su libertad se ha estimado entre 10 y 15%. Padecer una enfermedad mental aguda o crónica provoca en los sujetos un mayor desajuste e inadaptación a las condiciones de vida en la prisión. En particular, los diagnósticos de trastornos mentales más frecuentes han sido el consumo de sustancias, la depresión mayor, el trastorno bipolar, el estrés postraumático y los trastornos psicóticos. Objetivo Identificar la frecuencia del episodio depresivo mayor en mujeres en prisiones de la ciudad de México, la frecuencia de asociación del diagnóstico con la dependencia al alcohol y otras sustancias, así como la descripción de las características sintomáticas y sociodemográficas. Material y método Estudio de campo transversal de tipo no experimental, descriptivo, ex post facto, con una muestra de tipo no probabilística, seleccionada por conveniencia, de 213 mujeres de dos prisiones de mujeres de la ciudad de México: el Centro Preventivo Femenil Oriente y el Centro de Readaptación Social Femenil Tepepan. Instrumento diseñado ex profeso. Para evaluar el episodio depresivo mayor, se utilizó la Mini Entrevista Neuropsiquiátrica Internacional (MINI); para evaluar la dependencia a sustancias se utilizaron los criterios del DSM-IV. El trabajo de campo se llevó a cabo de agosto de 2001 a marzo de 2004. Las entrevistas fueron realizadas previo consentimiento informado de las mujeres, a quienes se aseguraba la confidencialidad y el anonimato de su participación. Cada Centro elaboró, de acuerdo con el Centro de Orientación y Clasificación (COC), una lista de las internas con historia de consumo de sustancias que cumplieran con los criterios de inclusión de esta investigación. Resultados La edad promedio de la población entrevistada fue de 30.6 ± 7.9 años; 45.5% pertenecía al grupo de edad de entre 28 y 40 años; la escolaridad reportada con mayor frecuencia fue la primaria, con 41.3%, seguida por la secundaria. Las solteras representaban 48.6% de la población y 50.2% refirió tener, al momento de la entrevista, una relación de pareja. El tipo de delito reportado con mayor frecuencia en las entrevistas fue el robo (51.6%, en diferentes modalidades: inespecífico/simple, calificado, agravado, no especificado, a casa habitación, tentativa de robo y robo de auto). De la población investigada, 43.7% refirió una permanencia anterior en alguna institución de procuración de justicia. La frecuencia del episodio depresivo fue de 62% en la población entrevistada (n = 132). Las mujeres de entre 18 y 27 años cuya escolaridad era menor a secundaria, solteras y con hijos menores de 18 años son quienes presentaron mayor frecuencia de depresión y consumo de sustancias. La dependencia al alcohol con depresión fue más frecuente en las mujeres con un tiempo de estancia menor a seis meses, mientras que la dependencia a sustancias psicoactivas y la depresión fue mayor en aquellas que tenían entre uno y cuatro años de estancia en prisión. Las mujeres con más largas sentencias, de entre tres y siete años, fueron las más afectadas por ambos diagnósticos. De las mujeres deprimidas, 43.9% reportó el antecedente de reclusiones previas. Un tercio de estas mismas mujeres reportó también dependencia al alcohol, y la mitad de ellas refirió dependencia a sustancias. Cerca de 50% de las mujeres deprimidas refirió haber solicitado ayuda para la depresión dentro de la institución penitenciaria. Sólo cerca de la quinta parte solicitó ayuda para el consumo de alcohol. En cuanto al grupo de mujeres con dependencia a sustancias, la búsqueda de ayuda fue de 88.6%. Conclusiones Los trastornos mentales estudiados afectan aproximadamente a dos terceras partes de la población entrevistada. El reporte de una alta frecuencia es similar al de otros estudios, tanto en el nivel nacional como en el internacional, donde se ha estimado la elevada prevalencia general de los trastornos mentales y particular de la depresión y la dependencia a sustancias. Otro indicador de la magnitud del problema, independientemente de su frecuencia, es la presencia de siete o más síntomas en casi dos terceras partes de las mujeres para establecer el diagnóstico tanto del episodio depresivo como de la dependencia a sustancias. Lo anterior cobra relevancia por la frecuencia de la comorbilidad del trastorno depresivo, ya que cerca de una cuarta parte de las mujeres deprimidas presenta dependencia al alcohol y a sustancias. El estudio reveló que la frecuencia del episodio depresivo se incrementa cuanto mayor es el tiempo de estancia o de sentencia. Una posible explicación es que el encierro por largo tiempo puede tener graves consecuencias en el bienestar de las mujeres, pues a causa de él, en la mayoría de los casos, las mujeres terminan abandonadas por sus familiares y otros seres queridos, lo que a su vez eleva la sensación de pérdida de apoyo social. Por otro lado, la prisión por sí misma genera depresión y ésta puede verse como una reacción normal frente a una nueva forma de vida, por lo que con frecuencia se llega a creer erróneamente que la sintomatología remitirá por sí sola. En otros estudios se ha observado que la privación de la libertad causa la pérdida de relaciones emocionales, soledad y aburrimiento, falta de servicios, falta de relaciones heterosexuales, autonomía y seguridad. La permanencia en prisión provoca también una convivencia problemática con otras prisioneras impredecibles, lo que genera miedo y ansiedad. Todas estas carencias pueden constituir una amenaza seria a la personalidad y la autoestima. La alta frecuencia de mujeres deprimidas y su comorbilidad con sustancias sugiere la necesidad de desarrollar una intervención para su detección oportuna, además de un adecuado manejo terapéutico en salud mental que considere las características especiales de esta población.
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    The epidemiology of obsessive-compulsive disorder in Mexico City
    (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Calz. México-Xochimilco 101, Col. San Lorenzo Huipulco, Tlalpan, México, D.F. Tel. 4160-5000., 2004) Caraveo-Anduaga, Jorge J.; Colmenares Bermúdez, Eduardo; División de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales. Departamento de Investigaciones de Servicios de Salud. Calzada México-Xochimilco 101, San Lorenzo Huipulco. Tlalpan, 14370 México, D.F.
    Introducción: En Latinoamérica, la prevalencia del trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) ha sido escasamente estudiada. El único reporte que encontramos de la prevalencia del TOC en población general fue realizado en Puerto Rico. En México, los casos prevalentes de TOC entre 3086 pacientes atendidos en el Instituto Mexicano de Psiquiatría, representaron 2.3%. La mayoría eran mujeres y con alta comorbilidad de trastornos depresivos. No obstante, los estudios en servicios clínicos no reflejan, necesariamente, la distribución y características del trastorno en la población general. Objetivos: 1. Estimar la prevalencia durante la vida y anual del TOC en personas adultas, de 18 a 65 años, de la Ciudad de México; 2. estudiar los patrones de comorbilidad a lo largo de la vida; y 3. identificar el patrón de búsqueda de ayuda en los casos. Método: El estudio se realizó a través de una encuesta en hogares utilizando un diseño multietápico y estratificado. La tasa de respuesta fue de 60.4%, aunque solamente 8% se rehusó abiertamente a la entrevista. La muestra total fue de 1932 personas. El instrumento diagnóstico básico fue una versión del CIDI 1.1, que incluyó la sección del WHO/CIDI 1.1, para evaluar el TOC. Los algoritmos diagnósticos se construyeron siguiendo los criterios diagnósticos de investigación de la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-10, utilizando el programa SPSS versión 7.5. Resultados: La prevalencia durante la vida fue de 1.4%, mientras que la prevalencia anual fue de 1.0%. La edad promedio de inicio del TOC fue similar para hombres y mujeres, 22 años de edad. De acuerdo con las variables sociodemográficas, el TOC fue más frecuente en los grupos de edad más jóvenes y con mayor escolaridad, especialmente entre las mujeres. La comorbilidad se reportó en 71% de los casos, siendo mayor entre las mujeres. El 49% reportó la presencia de otro trastorno precediendo el inicio del TOC, mientras que 22% los presentó después. Entre los hombres, los trastornos comórbidos se relacionaron casi exclusivamente con el consumo de sustancias, mientras que en las mujeres se presentaron otro tipo de patologías. Menos de 10% de los casos con TOC buscó ayuda para este problema. Se espera que los resultados se espera sean de utilidad para otras investigaciones acerca del TOC, especialmente en México y Latinoamérica, y para promover la identificación del trastorno entre la población general y por parte de los prestadores de servicios de salud.
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    Los trastornos psiquiátricos y el abuso de sustancias en México: Panorama epidemiológico
    (Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, Calz. México-Xochimilco 101, Col. San Lorenzo Huipulco, Tlalpan, México, D.F. Tel. 4160-5000., 2002) Caraveo-Anduaga, Jorge J.; Colmenares Bermúdez, Eduardo; Dirección de Investigaciones Epidemiológicas y Psicosociales. Departamento de Investigaciones Especiales. Calz. México-Xochimilco 101, San Lorenzo Huipulco, Tlalpan, 14370 México, D.F.
    Objetivo: El estudio del desarrollo de la psicopatología se ha enfocado en años recientes a la comorbilidad. El objetivo de este trabajo es presentar la prevalencia de los trastornos psiquiátricos en términos del DSM-III-R, y revisar y discutir algunos de los resultados que respecto a la comorbilidad entre los trastornos psiquiátricos y el uso de sustancias han ido emergiendo del análisis de los datos de la Ciudad de México, en el marco de la colaboración y participación en el Consorcio Internacional en Epidemiología Psiquiátrica, ICPE. La importancia del estudio sobre este tipo de comorbilidad reside en que: 1) a lo largo de la vida, la comorbilidad tiende a ser crónica en ambos tipos de trastornos; 2) las personas afectadas muestran un mayor deterioro y un mayor riesgo suicida en comparación con las personas que sólo tienen una de estas patologías; 3) la prevención de la comorbilidad en las personas que presentan solamente trastornos mentales o por el uso de sustancias, pudiera ayudar a prevenir los efectos secundarios. Sin embargo, para lograr este propósito se requiere de una mayor comprensión de los patrones y correlatos acerca de la manera como se inicia este tipo de comorbilidad. Método: Los datos proceden de una encuesta de hogares representativa de las personas de 18 a 65 años del Distrito Federal. El diseño de la muestra fue polietápico y estratificado por sexo. La tasa de respuesta fue de 60.4%. La muestra total fue de 1 932 sujetos, aunque para poder compararla con otros estudios del ICPE, sólo se incluyó a las personas de 54 años para abajo, lo que dejó un total de 1 734 sujetos. El instrumento diagnóstico fue el CIDI, y los criterios diagnósticos fueron los del DSM-III-R. La razón de momios (Odds Ratio)se utilizó para medir la asociación que hay entre los niveles del uso de sustancias y los trastornos psiquiátricos. Resultados: La morbilidad psiquiátrica fue comparativamente menor que la encontrada en otros países o entre los emigrantes mexicanos del condado de Fresno, Cal. Sin embargo, los patrones de comorbilidad fueron semejantes, y a medida que aumentaba la severidad del consumo de sustancias aumentaba también el riesgo de asociarse con otras psicopatologías. Los trastornos de ansiedad precedieron con mayor frecuencia que los desórdenes afectivos, al abuso y dependencia de sustancias. En comparación con los emigrantes, éstos mostraron una mayor prevalencia de ansiedad (dos veces más) y de abuso de sustancias (seis veces más), en relación directa con el tiempo de estancia fuera de México. Conclusiones: Los patrones de comorbilidad no son privativos de ninguna cultura. No obstante, la organización social y la cultura favorecen o protegen del riesgo de desarrollar psicopatología. En virtud de que los trastornos de ansiedad aparecieron a más temprana edad, los esfuerzos para desarrollar programas de vigilancia de la salud mental durante la infancia y adolescencia deben ser prioritarios.